Seminario ILEC - Santiago
de Chile - del 11 al 13 de octubre 2001

Discurso de Sr.
Philippe Grollet
Présidente (CAL – Bélgica)
11 octubre 2001 - 10h05
"Señoras
y Señores los Rectores, Administradores y Profesores de la Universidad,
Señor el Presidente y Señores los administradores del ILEC,
Señoras y Señores,
Queridos amigos,
Es un gran honor, y una gran alegría, inaugurar con tan eminentes
representantes este seminario de su Universidad, del ILEC y del Centro de
Acción Laica de Bélgica, sobre el tema “Los valores del laicismo y su
concretización en proyectos de acción”.
Es un gran honor contestar a su invitación y someterles, sin ninguna
pretensión, algunas pistas de reflexión y de acción a partir de
experiencias dirigidas por el movimiento laico belga que ha empezado a
estructurarse hace unos treinta años...
Es una gran alegría estar a su lado, de nuevo, a la ocasión de este gran
movimiento del joven Instituto Laico de Estudios Contemporáneos, como ha
sido para mí un grandíssimo honor y una grandísima alegría ser su invitado
el 29 de Octubre 1999 para la sesión inaugural del ILEC.
El laicismo es esencialmente un ideal de universalidad y de progreso. Es
un magnífico desafío para el Centro de Acción Laica de Bélgica tender una
mano fraternal a los amigos Chilenos que se organizan hoy para hacer
progresar aqui y ahora nuestro ideal común.
Es este el sentido de la Convención que el Presidente Jorge Carvajal Muñoz
y yo firmabamos solemnemente delante de ustedes en el Edificio Diego
Portales, el 29 de Octubre 1999, con el espíritu de un acercamiento entre
los mundos laicos europeo y americano y de una cooperación efectiva basada
sobre los principios de reciprocidad, de complementaridad y de
solidaridad.
Durante estos tres días, que se anuncian pasionantes y ricos, esta
cooperación se estructurará y me alegro particularmente de eso. Además,
tengo la convicción de que este seminario va a ser el inicio de ambiciosas
acciones que permitirán por cierto en el futuro acentuar aún más nuestra
cooperación dentro de este espíritu de libertad y de igualdad entre
asociados y de fraternidad de todos los actores, que caracterizan el
laicismo.
Es por cierto el deseo del Centro de Acción Laica y con la autorización
del Presidente Jorge Carvajal Muñoz, les dirigo en seguida, en nombre del
consejo de administración del CAL, el saludo amistoso de los laicos de
Bélgica.
En nombre del CAL, les agradezco calurosamente la espléndida acogida que
reservan ustedes a nuestra delegación.Y, en nombre de mis colegas
presentes hoy en Santiago y de los que están con nosotros por el
pensamiento en Bélgica, quería entregar, en testimonio concreto de nuestra
amistad, este regalo al Instituto Laico de Estudios Contemporáneos:
Es el sitio Internet www.laicismo.net del que hemos adquirido el “nombre
de dominio” en honor special para el ILEC y del que hemos realizado el
contenido provisorio y que es, desde ahora, su sitio, que Ustedes
desarrollarán, según sus propias aspiraciones y necesidades, y estoy
seguro que va a ser mañana el más hermoso, pero sobretodo el más
interesante sitio web laico de lengua española ... y por qué no su
pacífica cabeza de puente para la promoción de el laicismo en América
Latina.
“Los valores de la laicismo y su concretización en proyectos de acción”
eso es nuestro orden del día ...
¿Se limita el laicismo a los conceptos de tolerancia, de imparcialidad y
de pluralismo?
En otras palabras, el laicismo sería sólo un sistema de coexistencia
pacífica de convicciones filosóficas diversas, principalmente religiosas?
¿Sería el laicismo un principio democrático superior, más allá de las
pertenencias religiosas o filosóficas? O, ¿ sería también el laicismo un
sistema de valores y, de una cierta manera competidora en el mismo plano,
de los sistemas de pensamiento inspirados por las diferentes confesiones?
Los dos aspectos son
complementarios.
Porque, primero, el laicismo es, cuando el se aplica al Estado y a los
poderes públicos, una exigencia de imparcialidad la cual todos los
demócratas, cualesquiera que sean sus convicciones (confesionales o
no-confesionales), solo pueden suscribir : en este sentido el laicismo
representa el patrimonio común de los demócratas. En este sentido el
laicismo está por encima de la pelea. El es la condición misma de la
democracia.
Pero, laicismo es
además un compromiso personal.
Al cabo de los apasionantes debates que han atravesado el movimiento laico
en Bélgica desde Convención de Gembloux el 30 de Noviembre 1996 hasta la
reunión general extraordinaria del CAL el 27 de Febrero 1999, los
representantes de las 25 asociaciones constitutivas del CAL y de sus siete
regionales han adoptado unánimamente la siguient definición, que yo me
permito presentarles a su consideración :
Por laicismo hay que
entender, por una parte:
La voluntad de construir una sociedad justa, progresista y fraternal,
dotada de instituciones públicas imparciales, garantes de la dignidad de
la persona y de los derechos humanos, asegurando a cada uno la libertad de
pensamiento y de expresión, así como la igualdad de todos delante de la
ley, sin distinción de sexo, de orígen, de cultura o de convicción y
considerando que las opciones confesionales o no-confesionales
corresponden exclusivamente a la esfera privada de las personas.
Y por otra parte:
La elaboración personal de una concepción de vida que se funde sobre la
base de la experiencia humana, con exclusión de toda referencia
confesional, dogmática o sobre natural, lo que implica la adhesión a los
valores del libre examen, la emancipación respecto a toda forma de
condicionamiento y el imperativo de una ciudadanía completa y justa.
El laicismo ha concebido el proyecto de una sociedad liberada del
dogmatismo, sea de la naturaleza, que sea, clerical o también ideológica,
donde las mujeres y los hombres puedan tomar su destino en mano.
Se buscará en vano la fuente de una filosofía laica en tal escrito modelo.
Sin embargo, es bastante fácil extraer, de la multitud de textos que hacen
referencia al humanismo y a el laicismo, un cierto número de valores
significativos.
El libre examen : un
fundamento, un método.
Valor laico por excelencia, el libre examen implica no solamente la
afirmación de un derecho, el de la absoluta libertad de consciencia, sino
y sobretodo la afirmación de un deber; el de no reconocer ningún dogma y
de proceder con espíritu crítico en la discusión de las ideas recibidas,
de todas las ideas impuestas, comprendiendo en éstas, aquellas
profundamente ancladas en su fuero interno, las más perniciosas, aquellas
del puritanismo suficiente y del prejuicio.
El rechazo a la
exclusión
Bertold Brecht escribía :”Cuando vinieron a detener a un comunista, yo no
dije nada; cuando vinieron a detener a un liberal, yo no dije nada; cuando
vinieron a detener a un católico, yo no dije nada; cuando vinieron a
detenerme ya no había más victimas ...”
Y en el mismo sentido existe, entonces, la exclusión social como la
exclusión política o la exclusión ideológica, filosófica o religiosa.
Que uno quiera darse cuenta o no, la exclusión de otra persona, la
exclusión de una categoría de personas, extranjeras, incluso lejanas,
constituye un poco la exclusión de si mismo, el comienzo de su propia
exclusión, porque simplemente la libertad de cada uno se nutre de la
libertad de todos y que ninguna verdadera libertad puede encerrar o
ignorar la esclavitud de los otros.
La utopía laica es la aspiración de una sociedad humanista. Una sociedad
donde el hombre sea el criterio último. Una sociedad “todos aceptados”,
“todos ciudadanos”, “todos participantes”, sin distinción social, sexual,
cultural, filosófica o religiosa.
La utopía laica (del griego “laicos”, del pueblo) es la aspiración
universal, la conquista del saber y del poder por el “laos” (en el sentido
global de pueblo, incluyendo hombres y mujeres, niñas y niños de hombres
libres o esclavos, de ex-ciudadanos o de bárbaros).
La utopía laica es la aspiración al progreso, es decir a más de
libertades, a más de responsabilidades, a más de autonomía. Es la
convicción que todo se decide aquí y ahora.
Porque no existe el “más allá” y que el sueño de eternidad forjado por las
culturas antiguas y las religiones de aquí y de otras partes no es más que
un señuelo, sólo nos resta aceptar el duelo de los dioses (que no tienen
ninguna reencarnación a ofrecer) y asumir lo absurdo de la vida, limitada
desesperádamente a estas pocas decenas de años que separan el nacimiento
de la muerte, limites absolutos de nuestro propio fín ...
Nos queda el asumir el duelo del mito ancestral de la vida eterna y fundar
sobre esta desperanza una filosofía resueltamente secular que traslade a
la humanidad (la que sobrevivirá a nuestras modestas personas), nuestra
atávica necesidad de sobrevivencia.
Sólo nos queda el realizarnos como seres conscientes, expandiendo
resueltamente nuestro espíritu, para vivir sin complejos, sin otra
limitación que nuestra integridad y aquella de los otros y para aportar
nuestra modesta piedra al espacio de libertades que deseamos legar a
nuestros hijos.
¿Pero qué espacio de libertades estamos soñando, cuando hay que aceptar la
“necesidad” de una sociedad de dos, tres o cuatro velocidades, entendida
como una sociedad donde algunos tienen todo o casi todo y otros nada o
casi nada ?
La libertad de pensar, la libertad de expandirse, la libertad de gozar, la
libertad de realizarse, se proyecta o transcurre por otras libertades
prioritarias, aquellas de existir, de comer, de ser reconocido, de tener
su espacio, sin olvidar el derecho a ejercer una profesión y de vivir
dignamente de ella.
La tolerancia
La tolerancia es el respeto de las personas, en tanto que individuos
portadores de ideas, de creencias y de convicciones. En contra, la
tolerancia no implica, de ninguna manera, la aceptación ni el respeto de
las ideas, las cuales pueden o deven ser combatidas. Todas las ideas no
tienen el mismo valor ! La crítica, la contestación, incluso radical, no
es incompatible con la tolerancia, si la persona del adversario y su
dignidad son respetados. Voltaire ya proclamaba :”Odio sus ideas, pero
pelearé para que Ud. pueda decirlas”. La tolerancia es, primero, la
escucha, el encuentro del “otro” y la apertura antes de tomar
eventualmente posición. La práctica de la tolerancia es más que el
enunciado de un principio, es sobretodo una actitud de cada día. Implica
el debate. Es todo el inverso del pensamiento único.
La emancipación y
responsabilidad
La vocación del hombre es la de conquistar su emancipación, de marchar y
de realizarse al máximo, asumiendo primero su propio futuro del cual es él
el responsable.
La conquista de la
ciudadanía
La ciudadanía se completa y conquista cada día. Ella es la prolongación
social de la emancipación individual, porque ningún ser responsable podría
desinteresarse de la vida ciudadana.
El respeto a la
diversidad
El laicismo valoriza las diferencias consideradas como un enriquecimiento
del patrimonio común, sólo si estas diferencias no afectan, en sí mismas,
la integridad de otras personas y el derecho a la emancipación de cada
uno.
El eudemonismo
El hombre no ha nacido para sufrir sino para encontrar su parte legítima
de felicidad. Una sociedad feliz sólo puede componerse de individuos
realizados. Para los laicos, el sufrimiento no tiene ningun valor de
redención.
Si el sufrimiento no puede ser evitado y si se debe poder sobrepasarlo, de
la misma manera que se debe asumir un fracaso; sobrepasar un deceso y a
veces reconstruir sobre las ruinas del templo, nuestras esperanzas
decepcionadas. La felicidad y el placer merecen una verdadera
rehabilitación.
La solidaridad
La solidaridad es un compromiso moral de ayuda entre los seres humanos. Es
una responsabilidad mutua que se establece entre los seres humanos que
tienen un ideal de justicia. Ningun valor de los que hemos citado tiene
sentido sin la solidaridad que permite compartirlos.
La democracia
Una sociedad democrática debe estar fundada sobre el respecto de los
derechos del hombre y del pluralismo. Ella se caracteriza igualmente por
la necesidad de un Estado de derecho, por la separación de los poderes
legislativo, ejecutivo y judicial, así como por la separación de la
Iglesia y del Estado.
Las actitudes laicas
Se derivan de los principios y valores precedentes. El laico cuida
asegurar una coherencia óptima entre la teoría y la práctica en su
comportamiento privado y social.
Practicar el libre examen supone una lucidez de todos los momentos y el
ánimo de actuar con vistas al progreso de la humanidad, sin desesperar si
la historia no realiza nuestras aspiraciones.
El mismo principio, conjugado a la voluntad democrática, impone el
espíritu de tolerancia, el respecto, no de las ideas, sino de las personas
sinceras y leales a quien se reconoce a priori el derecho a la diferencia,
el derecho a la divergencia, el derecho al error.
La “tolerancia laica” está entonces fundada sobre el respeto del hombre y
no sobre la resignación o la indiferencia. Consiste en respetar la persona
de su contradictor, aunque se pueden tambien combatir sus ideas.
Un civismo responsable desemboca en la lucha contra la censura y toda
discriminación, como la xenofobía o el racismo.
El libre examen da a los laicos las armas necesarias para combatir estas
formas de discriminación. Uno de los elementos que permite acceder a este
enfoque, es la autonomía moral que no tolera ninguna forma de censura.
Por fín, hay que recordar que el laicismo ha permitido dar derecho a
todos, los que no hacen referencia a Dios, de ser reconocídos. Numerosos
laicos han mostrado que es también posible vivir una experiencia humana
muy rica, en acuerdo con sí mismo y con los otros, sin el intermediario de
una divinidad.
¿ Son los valores
laicos valores universales ?
Buena pregunta ...
Pregunta-trampa ...
Si se mira un planisfero, aparece muy claramente que los valores laicos y
democráticos no estan universalmente extendidos. En apoyo a esta
constatación y de pseudo “autenticidades”, se trata a veces de hacernos
creer que aquí la cultura del jefe, allá la negación de los derechos
individuales, o aquí también el patriarca, o la tortura, o todo lo que
deseáramos estaría “en la cultura” de este pueblo ... ¿Y por qué no en sus
génes?
Los valores laicos y democráticos tienen una larga historia que hunde sus
raices en la
antigüedad y que han “implicado” diversas civilizaciones.
Estos valores son el fruto de una historia atormentada que les ha
enriquecido con contribuciones succesivas : griegas, cristianas, judías,
protestantes, árabes, libertinas, racionalistas ...
Ninguno de los países que sirvieron de teatro a su desarrollo: Grecia,
Inglaterra, Francia, Andalucia, tenía una “vocación” especial para ver
desarrollarse los derechos del hombre. Al contrario, aquellos nacieron
sobre el abono de la dictadura, de la intolerancia, de las guerras de
religión, precisamente por reacción.
Los valores laicos y democráticos no son universales porque todas las
culturas y todas las historias hubrían compartido los avatares...
Los valores laicos y democráticos son universales porque sólo toman en
consideración una referencia común y universal : el hombre. Cualquier
hombre. Cualquiera mujer. Sin distinción de sexo, de orígen, de
nacimiento, de cultura, de creencia, de filosofía, de preferencia sexual o
de tantas cosas más.
En eso los valores laicos y democráticos son universales, porque buscan
soluciones universalitas en las cuales todas estas diferencias que vengo
de evocar puedan existir, coexistir y realizarse, sin dejarse aplastar por
las unas sobre las otras.
Laicidad y
espiritualidad ... o el sentido de la vida
Espiritualidad y materialismo han sido caricaturalmente opuestos con
demasiada frecuancia.
Para las necesidades de la causa, el magistero religioso se ha a menudo
autoproclamado el guardián de la “espiritualidad”, en la oncurrencia
confundida con su propia enseñanza y decorada de todas las virtudes,
también cuando servía de biombo a las más stúpidas supersticiones.
No basta con invocar los espíritus para tener espíritu. No basta con
constatar objetivamente los límites de la razón para conferir el estatuto
de verdad al irracional. Necesitamos poesía y sueños. Pero si no podemos
hacer la parte de las cosas, el delirio nos acecha y no hay peor locura
que la que se pretende embargada por el espíritu.
Si la espiritualidad hace referencia al espíritu, y pues a la
inteligencia, podemos admitir (seamos religiosos, agnosticos o ateos) que
la espiritualidad representa la busca del sentido.
¿ Quién se atrevería a pretender que una concepción laica dispensaría de
una reflexión sobre el sentido ? Al contrario afirmar los valores del
libre examen, pretender conquistar y compartir la ciudadanía, promover la
autonomía de las personas, es bien inscribirse en una larga perspectiva,
que adelanta las simples apuestas individuales.
Pero para nosotros laicos, el sentido de la vida, el sentido que debemos
darle a nuestra acción no está en descubrirlo en la palabra de Jesus o en
aquella del Profeta, aúnque estas palabras merecen, como tantas otras,
nuestro interés.
Para nosotros, en efecto, el sentido no se lega de una vez por todas por
una autoridad. Para nosotros, el sentido no es la ejecución de la
hipotética voluntad de un dios improbable. Para nosotros, el sentido no es
tanto buscar, que decidir. Frente a la falta de sentido fundamental de la
existencia, el sentido es el que decidimos, es el que elegimos. “Solo, no
soy nada. Juntos, podemos todo.” Inscribir nuestra vida en algo más
amplio, cualquier sea el nombre que se le de : la humanidad, la historia
... es tomar el partido de una transcendencia. Pero esta transcendencia no
es vertical. No esta dirigida hacia un cielo ilusorio. Esta dirigida hacia
los hombres, hacia los semejantes. Esta transcendencia es horizontal.
Podría llamarse “fraternidad”, simplemente.
La acción
El conjunto de estos valores determina la especifidad de las relaciones y
de las numerosas actividades laicas. Sustentan hoy las acciones de los
laicos. Mañana, van a ser las balizas de los nuevos proyectos.
San Paulo ha dicho “la fe no es nada sin los actos”. Claro, hablaba de la
fe en Dios.
Un filósofo ha escrito “Dios es la mejor parte del hombre”.
Qué esta mejor parte del hombre, sea llamada “dios” o muy simplemente
“humanismo”, ella es factor de convergencia de todos los hombres y de
todas las mujeres amorosos de progreso, de libertad y de universalidad.
Pero nosotros sabemos bien que la libertad y el progreso no constituyen un
largo y tranquilo río. La fe en el hombre, ella también, no es nada sin
los actos.
Todo el mundo conoce el
adagio popular :”Es en el pie del muro que uno reconoce el mason”.
Somos en el pie del muro. ¿ Hay un mason en la sala ?
Philippe Grollet, Santiago de Chile,
11 de Octobre de 2001.