SEMINARIO : ILEC - Santiago de Chile, del 11 al 13 de octubre 2001:
Los valores del laicismo y su transformación en proyectos de acción concreta.

El curso de moral en la enseñanza de
la Comunidad Francesa de Bélgica

Discurso de Sr. Michel Bastien - Inspector General de Educación Laica CAL - Bélgica

Respetado y distinguido Señor Jorge Carvajal Muñoz, Rector de la Universidad La Republica y Presidente del Instituto Laico de Estudios Contemporáneos,
Distinguidas Autoridades de la Universidad La Republica,
Distinguidos Directivos del Instituto Laico de Estudios Contemporáneos,
Distinguido Señores representantes de las Organizaciones Laicas
Distinguidos Señoras y Señores Seminaristas,
Amigos todos,

 

1.   El laicismo como concepción de la sociedad

 El curso de moral tal como el existe hoy reposa sobre un acuerdo político entre los partidos tradicionalmente en el poder en Bélgica. Para poner fin a diferentes « guerras  escolares » que oponen a los partidarios de la escuela pública y laica a los partidarios de una escuela inspirada por la religión dominante, la religión católica, el legislador a promulgado la Ley del 29 de mayo de 1959, llamada « Ley del Pacto escolar »[1]

             El articulo 8 de este Pacto a determinado hasta hoy el paisaje institucional de la escuela. Este artículo estipula que en las escuelas públicas, primarias y secundarias, el horario semanal comprende dos horas de religión y dos de moral. El Pacto estipula que « por enseñanza de la religión se entiende la enseñanza de la religión (católica, protestante, israelita, islámica u ortodoxa) y de la moral inspirada por esta religión. Por enseñanza de la moral, se entiende la enseñanza de la moral no confesional ».

              De golpe el curso de moral se define negativamente en este texto : el es un espacio de no confesión. Las recomendaciones pedagógicas son claras : la neutralidad la más estricta es de rigor. El profesor de moral es, contrariamente a sus colegas profesores de religión, un hombre que no puede demostrar sus convicciones filosóficas. 

            Pero en una sociedad marcada por un pluralismo político, cultural y por el respeto de las convicciones del otro, el laicismo deberá necesariamente ser reconocido como tal, es decir, como portador de valores positivos en la sociedad y en la escuela. Los programas del curso de moral de la enseñanza secundaria (1976) y de la enseñanza primaria (1981) llevan la marca de este laicismo reconocido y que se confirma positivamente.

              El Programa del curso de moral de la enseñanza secundaria, que se inicia en 1976 es reconocido, todavía hoy, por los profesores de moral, como el texto fundador que oficializa este laicismo nuevo.

              « La finalidad del curso de moral no confesional es de cultivar en los alumnos y los estudiantes, cuyos padres no se declaran de ninguna confesión, a resolver sus problemas morales sin se referir a un poder trascendente ni a un fundamento absoluto, a través de un método de reflexión basado sobre el principio del libre examen »[2]

      Es interesante constatar que en 5 anos la afirmación del laicismo se confirma claramente en el Programa del curso de moral de la enseñanza primaria que retoma, con un matiz importante, la misma frase. Pero  no se trata más de evocar « los padres no se reclaman de ninguna confesión ». Se trata ahora de « padres que se reclaman de una forma de pensamiento laico » !

        Más allá de esta evolución bien significativa, estos dos textos fundadores definen claramente otras referencias fundamentales : 

·      el principio del libre examen percibido a la vez como método de análisis, como « entrenamiento a la toma de decisión »[3], como « estilo de vida »[4], es decir, como valor ;

·      la referencia sistemática a los valores que confiere al curso su dimensión ética.  La atención de los alumnos y de los estudiantes será constantemente atraída sobre la responsabilidad personal en la manutención, el afinamiento y la creación de valores »[5]. Por esta referencia a los valores, el curso se define como « proponiendo a los alumnos y a los estudiantes una ética del compromiso y de la responsabilidad »[6]

      
         Estas orientaciones pedagógicas corresponden perfectamente a la definición del laicismo proclamado por el Centro de Acción Laica[7] :

                     Por laicismo, es necesario entender de una parte :

         « La voluntad de construir una sociedad justa, progresista y fraternal, dotada de instituciones públicas imparciales,  garantía de la dignidad de la persona y de los derechos humanos, asegurando a cada uno la libertad de pensamiento y de expresión, así que la igualdad de todos delante la ley  sin distinción de sexo, de origen o de convicción y considerando que las opiniones confesionales o no confesionales dependen exclusivamente de la esfera privada de las personas ».

                      Por otro lado :

         « La elaboración personal de una concepción  de vida que se basa en la experiencia  humana, a la exclusión de toda referencia confesional, dogmática o sobrenatural, que implica la adhesión a los valores del libre examen, de emancipación con respecto de toda forma de condicionamiento y a los imperativos de ciudadanía y de justicia ».

 2.      El laicismo  como concepción de la educación moral

Evidentemente desde 1976, nuestro sistema educativo está en plena mutación. El « Decreto sobre las nuevas misiones de la escuela » (1997), otro el hecho que el  nos impone una nueva manera de concebir los programas de enseñanza que son hoy formulados en términos de « competencias », encuentra plenamente los objetivos principales del curso de moral, que de esta manera encuentra una nueva legitimidad en nuestro sistema educativo.

 El artículo  6 de este Decreto[8] estipula en efecto que la enseñanza persigue simultáneamente y sin jerarquía los objetivos siguientes :

    1.-promover la confianza en sí y en el desarrollo de la persona de cada uno de los alumnos ;

    2.-inducir  a todos los alumnos  a  apropiarse  del saber y a adquirir las competencias que les capacite  a aprender toda su vida y a tomar un lugar activo en la vida económica, social y cultural ;

    3.-preparar a los alumnos  a ser ciudadanos responsables, capaces  de contribuir al desarrollo de una sociedad democrática, solidaria, pluralista y abierta a las otras culturas ;

          4.-asegurar a todos los alumnos de oportunidades iguales de emancipación social.

        

       La Comisión programa a trabajado privilegiando 4 ejes esenciales : 

·        un enfoque centrado en la reflexión filosófica

·        un enfoque centrado en los valores del laicismo

·        una mejor identificación de los contenidos

 

1)      Un enfoque centrado en la reflexión filosófica.

        No se trata de un programa donde la filosofía será un fin en sí y que descuidará la educación moral en lo que ella tiene de específico. El recurso más sistemático a la conceptualización, a la reflexión y al juicio tiene por objetivo de permitir al alumno de desarrollar una moral autónoma y de buscar a la fundar a través de una interrogación, una discusión y una elección responsable de las normas y de los valores.

        La filosofía enriquece así el curso de moral, porque ella desarrolla el coraje de pensar, la pasión de comprender y la voluntad de comprometerse.

        Acceder a una reflexión filosófica supone una clarificación del  pensamiento en vista de un más grande rigor. Tal clarificación implica un proceso de aprendizaje que reposa sobre el dominio progresivo de cuatro competencias transversales esenciales :

 1.- No hay reflexión filosófica sin problemática.

     La problemática, es aprender la duda, la sospecha, es pasar de una afirmación  a un cuestionamiento sobre la legitimidad de ésta.

 2.- No hay reflexión filosófica, ni mismo reflexión en el sentido estricto, sin conceptualización. « Para poder pensar, tenemos necesidad de conceptos, es decir, de palabras donde el sentido es suficientemente claro a fin que su puesta en relación haga emerger o construir el sentido de nociones (la política, la religión, la felicidad) que las ideas vagas, se transformen en conceptos definidos que son a la vez el  objeto y las herramientas del pensamiento.[9] ».

 Lo importante  es pues de guiar los alumnos  a ser capaces de problematizar el concepto, y por lo tanto a aclarar y a criticar el supuesto de su definición. El enunciado  de la problemática será aún más pertinente que el conducirá sobre varias pistas de búsqueda y de reflexión.

 3.- Por último, no hay reflexión filosófica sin capacidad de argumentación. La argumentación puede ser problemática (o discutible) cuando busca a interrogar una afirmación o una tesis, planteando objeciones. Pero la argumentación no es verdaderamente filosófica que si ella implica una pertinencia sobre el  fondo (su coherencia interne, teniendo en cuenta la complejidad de la realidad) y la referencia a los valores que permiten , en filosofía, de jerarquizar los argumentos y que les den fuerza y vigor[10].

 4.- El curso de moral es también el aprendizaje de un compromiso siempre más autónomo, siempre más consciente, enriquecido por la experiencia personal y el diálogo con los iguales. Esto implica no solamente la voluntad de tomar responsabilidades, sino aún de resistir a la presión social que conlleva  a la alienación de la persona.

Una tal búsqueda de compromiso permite a los alumnos de manifestar concretamente el valor de la opinión libre, elaborada a partir de un examen objetivo de las dudas y vivencias de manera plenamente responsable. El problema no está pues en la incitación a la acción, sino en el sentido y las formas que ésta toma.

Teniendo su tonalidad específica, el curso de moral  reúne los objetivos de la formación general, tratando de meter cada alumno y cada estudiante en situación de convertirse en un ser autentico que se informa, busca, se elige, se estructura, se compromete en la acción y opta así por de soluciones constructivas al comienzo de contextos socio-económicos y culturales. 

Una citación de Jean Rostand es a menudo fijada en los cursos de moral en la medida que ella ilustra perfectamente lo que nosotros entendemos por compromiso . « formar los espíritus sin conformarlos, les enriquecer sin les adoctrinar, les armar sin les enrolar, comunicarles una fuerza donde ellos puedan hacer su fuerza, seducirlos a lo verdadero para llevarlos a su propia verdad, darles lo mejor de sí sin esperar este salario que es la semejanza ».

  

2)      Un enfoque centrado en los valores del laicismo

 Estos valores han sido ampliamente desarrollados sur E-mail : http://www.laicismo.net bajo el título « EL . LAICISMO ». Yo voy pues recordarlos resumidamente :

 El laicismo , es pues la referencia  a los valores …

 El libre examen

 Valor laico por excelencia, el libre examen implica no solamente la afirmación de un derecho,  aquél  de la absoluta libertad de consciencia, sino sobre todo la afirmación de un deber : aquél de no reconocer ningún dogma y de proceder con espíritu crítico a la discusión de las ideas recibidas, todas las ideas recibidas, incluso aquéllas arraigadas  en sí, las más perniciosas, aquéllas de la buena consciencia y del prejuicio.

El rechazo de la exclusión

 Que se desee darse cuenta o no, la exclusión de una persona, la exclusión de una categoría de personas, mismo extranjeras, mismo lejanas, es la exclusión de una parte de sí mismo, es el comienzo de su propia exclusión,  simplemente porque la libertad de cada uno  se alimenta de la libertad de todos y que ninguna libertad verdadera no es encerrada e ignorante de la servidumbre de los otros.

 La utopía laica es la aspiración a una sociedad humanista. Una sociedad donde el hombre sea el criterio último. Una sociedad « todos admitidos », « todos ciudadanos », « todos participantes », sin distinción social, sexual, cultural, filosófica o religiosa absolutas de nuestro fin.

La tolerancia 

La tolerancia es el respeto de las personas en calidad de individuos portadores de ideas, de creencias y de convicciones. Al contrario, la tolerancia no exige el respeto de ideas que pueden ser combatidas.  El hombre tolerante se esfuerza primero a escuchar, a ser abierto a los otros antes de tomar posición. La practica de la tolerancia es más que el enunciado de un principio, ella es sobre todo una actitud de todos los días. 

La emancipación y la responsabilidad 

La vocación del hombre es de conquistar su emancipación, de ir al extremo de sí mismo y de asumir son devenir, donde el es responsable, primero hacia sí mismo. 

La conquista de la ciudadanía 

La ciudadanía es a conquistar cada día. Ella es el prolongamiento social de la emancipación individual porque ninguna persona responsable no puede se desinteresarse de la vida de la ciudad.

 La democracia

Una sociedad democrática debe ser fundada sobre el respeto de los derechos del hombre y del pluralismo. Ella se caracteriza igualmente por la necesidad de un Estado de derecho y por la separación de los poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) así que  por la separación de las Iglesias y del Estado.

 El respeto de la diversidad

El laicismo valoriza las diferencias  consideradas como un enriquecimiento del patrimonio común, siempre que estas diferencias no porten en ellas mismas ataque a la integridad de otras personas y al derecho a la emancipación de cada uno.

 La solidaridad

La solidaridad es un compromiso moral de ayuda mutua entre los miembros de la sociedad humana. Es una responsabilidad mutua que se establece entre los seres humanos. El hombre ha nacido no para sufrir sino para encontrar su parte legítima de felicidad. Una sociedad feliz no puede estar compuesta que de individuos en plenitud.

 3)      Un enfoque pedagógico específico, expresado en términos de aptitudes y de actitudes

Es aquí que la especificidad ética del curso de moral aparece más marcada. Es evidente que los profesores de moral no tienen, en el seno de la escuela pública, el monopolio de los valores laicos. Sin embargo, su trabajo cotidiano comporta una particularidad que diferencia un curso de moral de un curso de historia, de sociología o de actualidad. Se trata de restituir a las cuestiones estudiadas, su dimensión ética y de llegar a plantearse la difícil pregunta del « sentido que deseo dar a mi vida »[11]

Esta interrogación al límite de la filosofía y de la ética supone la adquisición progresiva de aptitudes y de actitudes que el programa del curso de moral contribuye más particularmente a promover :

·        Una disponibilidad al asombro 

Es necesario entender por estos términos, la capacidad de preservar la espontaneidad de la mirada ante toda interpretación científica o ideológica ; la voluntad de buscar a comprender lo real,  de ahondar las cuestiones en profundidad y de tentar de descubrir la complejidad,  de encontrar bajo el aspecto bien conocido de las cosas, de sí mismo y de los otros, lo desconocido y lo impensado, de enviar toda construcción intelectual al  examen de la realidad, ella misma.

 ·        Una aptitud a la descentralización  

 Se trata :

 -         de conducir al alumno  allá donde él no puede ir solo, a dejar un lugar de evidencia o de inmediatez,

-         a comprender que existen otras visiones del mundo que la suya.

-         por la duda y la problemática, de interrogar las certidumbres y las representaciones.

-          de asegurar un retorno entre el nivel conceptual y las representaciones.

-         de conducir los alumnos  a hacer la diferencia entre sus pensamientos, sus opiniones y aquellas del autor, aprender a situar un texto en su contexto.

-         invitar los alumnos a no confundir opinión y verdad, y a acceder a un pluralismo constructivo por la comprensión, el análisis y la confrontación de diferentes enfoques y tradiciones filosóficas.

 

·        Una abertura a la reflexión.

 Se trata de : 

-         iniciar en  una gramática del pensamiento, dar una estructura  y herramientas conceptuales, dotando a los alumnos de « palabras  para utilizarlas », incitar a la creatividad a fin que ellos puedan comunicar sus inquietudes, sus pensamientos, sus emociones.

-         aprender a argumentar, a forjarse una convicción, a osar defenderla , y en caso de necesidad, a cambiarla.

-         interrogar las afirmaciones, ponerlas en duda, se comprometer en una búsqueda permanente.

 

·        Un enfoque crítico y constructivo de los saberes, de las normas y de los valores.

 Se trata de :

 -         desarrollar una reflexión crítica de los saberes y sobre la enseñanza

-         separar los saberes, unirlos y darles sentido.

-         desarrollar una moral autónoma y buscar a fundarla  por una interrogación, una discusión y una elección responsable de las normas y de los valores.

 ·        Una interrogación sobre el sentido de la vida.

 Se trata de :

 -         encontrar las interrogaciones existenciales de los alumnos.

-         introducir a las grandes cuestiones metafísicas.

 Se constata, que sea exprimido en términos de competencias terminales o transversales, este nuevo programa es ambicioso. Es un programa de vida, de toda una vida que se propone no solamente a los alumnos, sino también a los profesores. Cada uno, si él juega su rol, cualesquiera sea  su edad, su formación, su  estatuto (profesor o alumno) estará en estado  de reflexión en relación a él mismo, a los otros y al mundo, en situación de replanteamiento permanente. Estamos aquí en presencia del principio de educación a lo largo de toda la vida, que constituye una ocasión excepcional de dar todo su sentido  a la practica del libre examen.

 4)      Una mejor identificación de los contenidos.

Un programa no es ni un catálogo ni un libro de recetas. Es una referencia que supone de la parte del utilizador una lectura personal y responsable, en vista de una adaptación a las potencialidades de los alumnos. El programa formula a este sujeto las « Recomendaciones pedagógicas » muy explicitas. Es en función de « enfoque progresivo de los alumnos » y de « sus identidades personales, sociales y culturales », que « el profesor se situará claramente frente a un programa que constituye un ideal de formación personal y social. El tendrá la responsabilidad de operar de elecciones pertinentes al nivel de los objetivos particulares, de los contenidos y de la didáctica. El profesor construirá su enseñanza partiendo de situaciones de aprendizaje concebidos a partir del « lugar intelectual, afectivo y social donde se encuentran sus alumnos ».

 Se precisa igualmente que :

 -         « el programa es concebido en espiral. Los enfoques de los módulos del primer grado se encuentran en el segundo y tercer grado, integrados en otros módulos, examinados en una perspectiva más amplia, que recalca los análisis y las reflexiones de los anos precedentes ». (…).

-         « este programa es voluntariamente maximalista. El permite a los profesores de elegir en cada módulo los puntos que ellos van a desarrollar. La elección se hará según las competencias y el medio escolar ».  (…).

 3.      El laicismo como concepción de la pedagogía.

Cómo concepción de la sociedad y de la educación, el laicismo representa lógicamente una concepción de la educación[12] que calificamos con mucho gusto de « pedagogía humanista ». Esta pedagogía visa a formar personalidades autónomas, cooperativas y participativas.[13]

 ·        Personalidades intelectual y moralmente autónomas.

 Nos encontramos aquí muy alejados de la lección de educación cívica, basada en la instrucción y la imposición al alumno, del exterior, de saberes, de valores y de normas. La autonomía intelectual y moral supone la adquisición progresiva de competencias lógicas e intelectuales tal que desarrolladas por el programa  « Filosofía con los alumnos » del profesor Matthew Lipman[14] :

 -         Interrogar

-         Conceptuar

-         Reflexionar

-         Juzgar

-         Evaluar

-         Justificar

-         Respetarse

-        

 Otras estas competencias filosóficas que hemos ya hablado, el curso de moral, orientado a los valores éticos, propone también pasos tales cómo :

 - La clarificación de los valores[15]

- La practica de los dilemas morales[16]

- El teatro foro (inspirado del teatro del oprimido)[17]

  ·        Personalidades cooperativas[18]

 Si la autonomía presupone la concepción antropológica de un hombre libre, la cooperación presupone aquélla de un hombre solidario o de un individuo social, siempre en interacción con un otro del cual él tiene necesidad para ser. Estamos lejos del espíritu de competición y de la relación pedagógica frontal. En esta preocupación de formar hombres solidarios, el curso de moral recurre, en función de los objetivos y de las necesidades a :

 -         El aprendizaje cooperativo que requiere la puesta en marcha de situaciones en las cuales la cooperación se experimenta, se vive y se evalúa[19],

-         El aprendizaje al comportamiento de ayuda favoreciendo la empatía y la anticipación en la toma de iniciativa[20],

-         La pedagogía del proyecto que favorece la aptitud a la cooperación por la realización de un proyecto común, fruto de una decisión colectiva.


·        Personalidades participativas[21]

La educación a la ciudadanía democrática y participativa constituye una dimensión esencial de la educación en general y de la educación moral en particular[22]. Esta educación se traduce primero en la adopción de una pedagogía humanista privilegiando un enfoque activo, participativo y diferenciado de los saberes, los valores y las normas. La clase tradicional se convierte en taller, laboratorio. Cada lección constituye una situación problema, un dilema moral, un conflicto de valores cercanos de las prácticas sociales de referencias de los alumnos.

Pero, más allá del aspecto pedagógico, está la dimensión institucional : la formación a la participación activa a la vida de la escuela y de la comunidad a través de las prácticas como :

 -         La comunidad de  búsqueda[23]

-         La ética de la discusión[24]

-         La práctica del consejo de la clase[25]

-         La emergencia de la ley como garantía del funcionamiento democrático[26]

-         La formación de alumnos delegados al consejo de participación[27]

 La educación a la participación se distingue a veces poco de una educación a la cooperación o a la autonomía tanto las competencias que ellas necesitan, las tres, son interdependientes y complementarias, mismo si es necesario las distinguir en el plano teórico..

 4.  Conclusiones

 A modo de conclusión, deseo citar un extracto de nuestro programa de 1976 porque él pone como epígrafe los valores que me son particularmente queridos y que  son compartidos plenamente por nuestras dos Universidades : la tolerancia y la fraternidad

« La tolerancia activa implica el respeto del otro en un clima fraternal de discusión. Ella reivindica el derecho por el otro de exprimirse con la certitud de nuestra escucha sincera y de nuestro esfuerzo de comprensión.

    Pero ella implica también el derecho para nosotros mismos de expresarnos con toda la convicción que tenemos de defender los valores que juzgamos esenciales.

Se puede ser tolerante siendo total defensor entusiasta y perseverante de los ideales que hemos escogido de exaltar.

Si la fraternidad se concretiza en la civilidad, la corrección entre las personas, en el clima de simpatía, las ideas deben por lo tanto ser confrontadas y pueden ser atacadas.

 Fraternidad no quiere decir temor de la oposición, terreno neutro, sino al contrario valorización de poder de expresión y de elección ».[28]

 

 

                                                                                                                          Michel Bastien

                                Inspector del curso de moral de la enseñanza de la Comunidad francesa

                                  Encargado de la enseñanza a las Universidades de Mons. y de Bruselas

 


[1] Consultar  sobre este tema el artículo de Hervé Hasquin :  « Los partidos políticos en Bélgica : las divisiones

  confesionales en camino de desaparecer ». En « Historia del laicismo ». El Renacimiento del Libro. Bruselas

  1978.

 

[2] Programa del curso de moral. 1976. Principios generales. Página 5. El texto recuerda la ley del 2 de junio que

  permite a los estudiantes de 18 anos a decidir por si  mismo de la elección de la «opción moral ». Actualmente

  un debate político se desarrolla en el marco del respeto de la Convención internacional de los derechos del niño.

  Se piensa de dar esta autorización desde el ingreso a la enseñanza secundaria (12-13 anos), lo que corresponde

  en el hecho a la realidad de muchas familias.

[3] Programa del curso de moral 1976. Hoja 5

[4] Programa del curso de moral 1976. Hoja 7

[5] Programa del curso de moral 1976. Hoja 6

[6] Programa del curso de moral 1976. Hoja 6

[8] Decreto sobre las nuevas misiones de la escuela. Título : Los objetivos generales de la enseñanza fundamental

  y de la enseñanza secundaria, Artículo 6.

 

[9] Michel Tozzi, Pensar por sí mismo, Iniciación a la filosofía. EVO/Crónica social, 1996,p. 71.

[10] Estas tres competencias esenciales son bien analizadas en su definición y su puesta en practica metodológica

    por Michel Tozzi, « Pensar por sí mismo », Ibíd., p.71.

 

[11] La pregunta « que sentido debo darle a mi vida » constituye el último módulo del curso, al final de la

    enseñanza secundaria. Evidentemente es necesario entenderla a la manera de Descartes, toda moral estando

    siempre en construcción permanente.

 

[12] Los enfoques específicos utilizados en el marco del curso de moral han sido objeto de numerosos artículos en

    la Revista « Entre-Vues », C/o CAL BrabantWallon. Calle provincial 11, 1301 Wavre. Bélgica. Se puede

    encontrar su rastro en  : http://www.cybermorale.org

[13] Consultar a este sujeto la obra de Claudine Leleux « La escuela revisada y corregida ». Edición De Boeck &

    Belin, Bruselas 2001 (sitio Web : http://www.deboek.be)

 

[14] Matthew Lipman «A la escuela del pensamiento », Traducción N.Decostre. Bruselas.De Boeck Universidad.

    1995

[15] Consultar a este sujeto le Nº 34 de la Revista « Entre-Vues ». »Propósitos Libres. Valores y educación

    moral ? » Bajo la dirección de Cathy Legros, Bruselas, 1993

[16] Consultar a este sujeto el número especial de la Revista « Entre-Vues ». « Los dilemas morales ». Bajo la

    dirección de Michel Bastien et Cathy Legros. Consultar igualmente en las Ediciones Entre-Vues, el dossier

    pedagógico « El árbol en abanico ». Cathy Legros. Bruselas, 1992.

[17] Consultar a este sujeto el Nº 19 de la Revista « Entre-Vues ». « Teatro especial » Bajo la dirección de Cathy

    Legros. Bruselas, 1993

[18] Consultar a este sujeto la obra « Cooperación y participación ». Compilación de artículos bajo la dirección de

    Michel Bastien. Ediciones Démopédie, 1998 http://web.wanadoo.be/ediciones.demopédie)

[19] Consultar a este sujeto el Nº 25 de la revista « Entre-Vues » :   Aprender a cooperar. Bajo la dirección de

    Michel Bastien. Bruselas. 1995

[20] Consultar a este sujeto el Nº 22 de la revista « Entre-Vues ». El comportamiento de ayuda. Bajo la dirección

    de Cathy Legros y Michel Bastien. Bruselas. 1994

 

[21] Ver a este sujeto la obra « Educación democrática. Educación a la democracia »   Bajo la dirección de Michel

     Bastien y de Hervé Broquet. Ediciones Vida Obrera. Bruselas. 1999

[22] Consultar a este sujeto el Nº 27 de la revista « Entre-Vues ». « De la cooperación a la participación ». Bajo la

    dirección de Michel Bastien. Bruselas. 1995

[23] Se trata de una metodología inspirada de los trabajos de Matthew Lipman

[24] Consultar este sujeto el Nº 18 de la revista « Entre-Vues » : « Ética de la discusión ». Bajo la dirección de

    Cathy Legros y Michel Bastien. Bruselas 1993

[25] Danielle Jasmin. « El consejo de cooperación ». Edición de la Chenelière. Montreal. Canadá

[26] Fernand Oury « Existe otra ley posible en la clase ? ». PEMF.2001. Ver también los trabajos de Bernard

    Defrance sobre su lugar http://www.bernard-defrance.net/

[27] Ver « Decreto sobre las Nuevas misiones de la escuela ». op. cit. Consultar igualmente el Nº 28 de la revista    

    Entre-Vues. »Aprender y vivir la democracia a la escuela ». Bajo la dirección de Cathy Legros. Bruselas, 1995

 

[28] Programa del curso de moral. Psico-pedagogía de la moral. 1976 Página 12